Diferencias entre la calefacción eléctrica y de gas
Coste de la instalación y mantenimiento
La instalación de la calefacción eléctrica suele ser menor: los radiadores eléctricos, los emisores térmicos o las bombas de calor requieren menos infraestructura y apenas implican obras. Además, los equipos modernos apenas necesitan mantenimiento, lo que deriva a una mayor comodidad y simplicidad, convirtiéndolo en una ventaja.
Por su parte, la calefacción de gas implica la instalación de una caldera, sus tuberías y las salidas de humos pertinentes, hecho que incrementa la inversión inicial. Además, también requiere revisiones periódicas que garanticen la seguridad, añadiendo un coste extra cada año. No obstante, para grandes viviendas o comunidades, el gas puede ser más rentable debido a su precio por kWh.
Consumo y eficiencia energética
Uno de los grandes avances de la calefacción eléctrica ha sido la eficiencia conseguida con las bombas de calor. Con su alto coeficiente de rendimiento, estos equipos son capaces de generar entre tres y cuatro veces más energía calorífica de la que consumen en electricidad. Esto convierte la electricidad en una opción cada vez más competitiva.
A su vez, la calefacción de gas también ha mejorado gracias a las calderas de condensación, que aprovechan el calor del vapor de agua en los humos para aumentar su rendimiento. Aun así, estos siguen dependiendo de un combustible fósil y no logran los niveles de eficiencia que ofrecen las tecnologías más modernas.
Impacto medioambiental
A medida que pasan los años, la sostenibilidad se ha convertido en un factor determinante. La calefacción eléctrica destaca por ser 100% renovable siempre que se alimente con energía solar, eólica o sistemas de autoconsumo fotovoltaico. Esto la convierte en una opción con bajas emisiones de carbono.
El gas natural, aunque se diferencia porque es más limpio que el carbón o el gasoil, emite dióxido de carbono y metano durante su extracción y uso. Además, Europa se encuentra en una transición energética que busca la reducción progresiva de la dependencia de este tipo de combustible fósil.
Confort y control
En términos de confort, la calefacción eléctrica tiene la ventaja de ofrecer una regulación precisa y flexible, según preferencia. Los usuarios pueden programar y controlar la temperatura de las habitaciones de manera independiente, que es muy útil en aquellos hogares que no utilizan todos los espacios. Asimismo, los sistemas inteligentes permiten optimizar el consumo y garantizar un ambiente confortable en todo momento.
Por su parte, la calefacción de gas proporciona la sensación de calor de forma uniforme y constante, muy útil en viviendas grandes o unifamiliares. Sin embargo, el control de ello es menos flexible y depende de un sistema centralizado.
Perspectiva económica en 2025
El precio de la energía se convierte en un factor clave en este post. En España, la electricidad es más cara que el gas, pero la tendencia es a la baja a causa del aumento de la producción de energías renovables y del impulso y conciencia del autoconsumo doméstico. Además, los hogares que cuentan con paneles solares pueden reducir de forma considerable el coste de la calefacción eléctrica.
El gas natural sigue estando sujeto a la volatilidad de los mercados internacionales y a los factores geopolíticos. Esto hace que se convierta en una opción más incierta a largo plazo, a pesar de que su coste actual es más bajo.