Cuando hablamos de productividad en oficinas, la conversación suele girar en torno al medio, la organización, la tecnología utilizada, etc. Sin embargo, hay un factor muy importante a tener en cuenta que sigue pasando desapercibido en muchas empresas y que nadie le da la importancia que merece: la climatización y confort térmico: el factor olvidado del sector laboral.
Un sistema de climatización mal diseñado o incluso mal gestionado no solamente afecta al consumo energético, sino también al rendimiento, la concentración y el bienestar de las personas. En un contexto donde la eficiencia y la retención del talento son prioritarias, ignorar el confort térmico que pueden sentir los trabajadores es un error estratégico.
¿Qué entendemos por confort térmico en oficinas?
El confort térmico no se limita a pasar frío en invierno o calor en verano, sino que, según los estándares de calidad de los espacios interiores, depende de varios factores:
Una oficina puede cumplir normativa y aun así no ofrecer confort térmico real.
- Temperatura operativa: Sensación térmica real que percibe una persona en un espacio. No solamente depende del aire, sino de la temperatura del aire más la temperatura radiante, que proviene del suelo, techos, ventanas…
- Humedad relativa: Indica la cantidad de vapor de agua existente en el aire teniendo en cuenta la máxima humedad que debería haber en relación con la temperatura del espacio.
- Velocidad del aire: Hace referencia a cómo circula el aire dentro del espacio en el que se encuentra.
- Uniformidad térmica: Mide las diferencias de temperatura entre distintas zonas de una misma estancia y el suelo, zona ocupada y techo. Cuando hay grandes diferencias térmicas, el usuario puede sentirse incómodo, aunque la temperatura media sea la correcta. Esto puede ocurrir debido a sistemas más equilibrados, difusión del aire inadecuada y falta de zonificación.
- Nivel del ruido del sistema: El nivel de ruido generado por los equipos de climatización tiene un impacto directo en la contracción de los trabajadores y el confort acústico.
- Calidad del aire interior: Este factor engloba todos los factores relacionados con la pureza y la renovación del aire que respiramos. Se tiene en cuenta la concentración de CO2, la presencia de partículas en suspensión, los contaminantes químicos y la renovación del aire.
Cuando estos parámetros no están equilibrados, el resultado es un entorno incómodo, no confortable, que impacta de forma negativa en la actividad diaria de los trabajadores.

Productividad y climatización: una relación directa (e invisible)
Hay estudios técnicos que han demostrado que las desviaciones térmicas, aunque sean pequeñas, pueden provocar caídas significativas en la productividad. No hablamos solamente de incomodidad, sino de efectos medibles.
- Mayor fatiga y dificultad de concentración.
- Incremento de errores en tareas.
- Descenso del rendimiento en los trabajos de ámbito técnico y administrativo.
- Aumento de quejas.
Una oficina, pues, puede estar climatizada y aun así no ser confortable. Y es un error habitual en edificios terciarios.
Error común: diseñar el sistema de climatización según requisitos o eficiencia
En muchos proyectos actuales, el sistema de climatización se diseña para cumplir con los requisitos ambientales según el Código Técnico de la Edificación (CTE), teniendo en cuenta la eficiencia energética, pero sin prestar atención al uso real del espacio. Aquí es donde entra la importancia de la climatización y confort: el factor olvidado del sector laboral, que muchas veces se pasa por alto.
Ahí es donde aparecen los errores, algunos de ellos:
- Zonas con orientaciones distintas y controladas por un único termostato.
- Sistemas sobredimensionados que generan ciclos cortos e inestabilidad térmica.
- Falta de regulación por ocupación real.
- Ausencia de control de humedad.
El resultado de todo ello es un entorno correcto, que sigue las pautas de la normativa, pero que no es eficiente en la parte funcional.
Calidad ambiental interior: más allá de la temperatura
En entornos laborales, el concepto de calidad ambiental interior es cada vez más importante. En este, no solamente se incluye el confort térmico, sino también:
- Renovación adecuada del aire.
- Control de CO2.
- Filtración de partículas.
- Reducción de corrientes de aire y ruido.
Para lograr un sistema de climatización bien diseñado, hay que tener en cuenta todos estos factores, ya que el confort térmico aislado no garantiza un entorno saludable ni productivo.
Impacto económico de un mal confort térmico
A menudo creemos que las mejoras de los sistemas de climatización son un gasto. Sin embargo, en términos empresariales, el impacto que tiene el confort térmico en la variante económica es muy superior. Puede afectar en:
- Pérdida de productividad diaria acumulada.
- Incremento de costes energéticos por el mal ajuste térmico.
- Mayor rotación del personal en los entornos incómodos.
- Necesidad de correcciones posteriores más costosas.
Entonces, llegamos a la conclusión de que invertir en confort térmico no solamente es una decisión técnica, sino una decisión que ayuda al negocio.
Climatización orientada hacia las personas, no solo a edificios
Antiguamente, los sistemas de climatización se diseñaban pensando principalmente en las características físicas de los edificios, tales como las medidas, la orientación, el aislamiento, etc. Sin embargo, la tendencia actual, gracias a la experiencia adquirida y los estudios sobre el confort térmico, ha demostrado que el confort que se percibe depende también de los ocupantes. Por ello, el diseño actual de las instalaciones va hacia sistemas más flexibles, capaces de adaptarse y centrarse en las personas. Algunas de las estrategias que se siguen son las siguientes:
- Zonificación flexible: Donde cada área de la oficina cuenta con sensores independientes y sistemas de control que permiten ajustar la temperatura según la ocupación y la actividad.
- Control basado en ocupación real: Los sensores de presencia permiten que la climatización se adapte de forma automática a los espacios ocupados. Esto no solamente mejora el confort, sino que también reduce el consumo energético.
- Adaptación de la actividad a los usuarios: La sensación térmica varía según la actividad física. Mientras que en un área administrativa el trabajo que se lleva a cabo es sedentario, en zonas técnicas los movimientos pueden generar calor adicional que el sistema debe compensar.
- Integración de sistemas inteligentes: Aquellos con monitorización a tiempo real que permiten ajustar los parámetros de forma automática, garantizando el confort sin pérdida energética.
- Factores individuales: La ropa, el metabolismo y las preferencias personales también tienen influencia en la percepción térmica. Algunas empresas están invirtiendo en microzonas controlables, unos sistemas que permiten a cada trabajador regular su propia ventilación o calefacción, dentro de los márgenes normativos.

La climatización ya no puede ser evaluada únicamente por su consumo energético o la potencia instalada. En entornos laborales, el confort térmico es un factor determinante de productividad, bienestar y eficiencia.
Las empresas que entienden la importancia de la climatización y confort: el factor olvidado del sector laboral dejan de ver la climatización como un gasto y empiezan a considerarla como una inversión estratégica que impacta directamente en sus trabajadores.




